La pianista Anna Gourari, quien se trasladó con sus padres de Rusia a Alemania en 1990 para estudiar en la Hochschule für Musik de Múnich, transmite en sus interpretaciones una belleza deslumbrante y, en ocasiones, tormentosa. Sus álbumes revelan una imaginación singular para establecer nuevas conexiones entre obras de diversas épocas y estilos, como en su fascinante álbum Elusive Affinity de 2019, en el que reúne piezas de Bach, Pärt y Kancheli. Buena parte de su reputación proviene de sus deslumbrantes versiones de Chopin, Brahms y Scriabin, pero su exquisita técnica le permite abarcar un repertorio del que aún no hemos descubierto los límites.