Más conocido (y amado) por su 1812 Overture, su primer concierto de piano, y por los ballets El cascanueces y El lago de los cisnes, Tchaikovsky fue uno de los mejores compositores rusos. Un hombre cultivado y cosmopolita con un glorioso don para la melodía, que le valió tanto para la ópera (Eugenio Oneguin), como para poner en pie a su audiencia con sus ballets. Sus tres últimas sinfonías (números cuatro, cinco y seis) revelaron su atormentada alma y encontraron un hueco en los programas de conciertos de todo el mundo.