Nikolái Médtner sigue siendo uno de los grandes desconocidos del repertorio clásico. Dueño de una estética romántica a veces cercana a la de su amigo Rajmáninov, con reminiscencias de una infancia y adolescencia rusas, los cuentos de hadas y el folclore fueron sus más constantes fuentes de inspiración. Tras un exilio en Inglaterra, se ganó la protección del maharajá de Mysore y desarrolló su carrera casi completamente al margen de las grandes corrientes del siglo XX. Hoy, su música suena a verdadero descubrimiento, íntima y trascendente, directa en su mensaje y exuberante en su forma.