Fue uno de los artistas más admirados de la música moderna, y su obra, no muy extensa pero sí influyente, se rinde incondicionalmente a la tonalidad en trabajos como "Notations", "Sonata para piano n.º 2" o "Le marteau sans maître". Como director, lideró la Orquesta Filarmónica de Nueva York y la Orquesta de Cleveland, además de su propio Ensemble Intercontemporain. Su ciclo sobre Wagner en el festival de Bayreuth de 1976 fue un evento memorable. En su última etapa amplió su repertorio abrazando la obra de Mahler, Richard Strauss y Szymanowski.