La magia nocturna ha resultado propicia para que multitud de compositores a lo largo de la historia crearan música muy especial. Piezas cautivadoras, relajantes y, en ocasiones, también turbadoras. Desde las obras litúrgicas medievales, con sus sombras del más allá, a los nocturnos románticos, el ambiente y los rituales del anochecer han inspirado algunas de las obras musicales más sugerentes jamás escritas.
Sir Anthony Hopkins: 1947
Suite for Solo Piano & Orchestra: II. Bracken Road