“La música siempre ha tenido la capacidad de transportarme a otro lugar”, le explica a Apple Music Classical la directora estadounidense Karina Canellakis. “Puede hacerme sentir que vuelo sobre un vasto y profundo océano azul o transmitirme la soledad de quedarme embelesada por el brillo de las estrellas. La música que he seleccionado encarna ese profundo sentimiento de conexión con la naturaleza y expresa el asombro ante la grandeza y majestuosidad de nuestro planeta”. El movimiento inicial de las Cuatro piezas orquestales de Bartók, dirigido por la propia Canellakis, lo ilustra a la perfección. “Bartók crea una atmósfera muy etérea”, afirma, “muy similar a la de un bosque encantado entre cuyos árboles asoman los rayos del sol. Su forma de usar los arpegios ascendentes y descendentes del arpa evoca el efecto de la luz jugueteando sobre la superficie de un arroyo”. Canellakis encuentra elementos similares en la canción de Caroline Shaw “and the swallow” y en el “Adagio” de la décima y última sinfonía de Mahler, una pieza que para esta directora representa la respuesta del compositor austriaco al milagro de la existencia. “La esencia de este movimiento es innegable”, asegura. “Épico y vitalista, va directo al corazón de lo que significa y lo preciado que es disfrutar de la vida en la Tierra”.