La reciente reivindicación de la figura de la compositora francesa Augusta Holmès (1847-1903) viene a remediar un olvido que ya duraba demasiado tiempo. Niña prodigio al piano, comenzó publicando sus obras bajo el seudónimo masculino de Hermann Zenta, hasta que decidió luchar por hacerse escuchar con su propia identidad. De su relación con el poeta Catulle Mendès nacieron cinco hijos. Discípula de César Frank, Holmès consiguió que la Ópera de París estrenara su obra La Montagne Noire. Su legado artístico, que incluye poemas sinfónicos, canciones y música de cámara, revela una singular fusión entre el estilo wagneriano y el romanticismo francés que anticiparía el movimiento impresionista.