Este director rumano lideró diversas orquestas en Estocolmo, Stuttgart, Munich y Berlín, donde se encargó de la gran Filarmónica de la ciudad durante siete años, justo después de la guerra. Celibidache nunca estuvo interesado en la grabación de discos: prefería dedicar su tiempo a la preparación de actuaciones que pudieran brillar con luz propia. Así lo demuestran las sinfonías de Bruckner y Sibelius, o la suite número dos de Ravel, Dafnis y Cloe, interpretaciones que prueban que cuando estaba inspirado era imbatible.