Redescubierto a finales de los 70, el legado de Rebecca Clarke es uno de los más lúcidos y emocionales del siglo XX. La compositora y viola inglesa dedicó su talento y virtuosismo instrumental a la viola y a la música de cámara, el género más presente y recurrente en su repertorio. Desde pequeñas canciones para piano y voz hasta elaboradas piezas de carácter impresionista, su trayectoria está repleta de momentos sutiles, armónicos y melancólicos.