
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 1971 · 3 pistas · 24 min
Nocturnos
CD 98, L. 91 · “Tríptico sinfónico”
Durante mucho tiempo, la Sinfonía n.º 6 de Anton Bruckner fue la cenicienta del ciclo. Se trata ciertamente de la más enigmática de todas, y cuenta con un ambiguo final que desconcertó en su día a crítica y público por lo mucho que difería de la claridad y la rotundidad con las que el compositor austriaco solía concluir sus sinfonías. Es muy probable que esto fuese un reflejo del estado de ánimo del propio autor, hundido por el desastroso y humillante estreno de su Sinfonía n.º 3 en 1877. Tras ver cómo sus dos siguientes sinfonías quedaban sin estrenar, Bruckner esperó dos años antes de comenzar a trabajar en la sexta. Repudiado y ridiculizado en Viena, su hogar adoptivo, y profundamente deprimido por su absoluta incapacidad para encontrar esposa, a Bruckner no le faltaban razones para dudar incluso de su vocación y su aptitud como compositor. La obra comienza con un movimiento “Majestoso” que sustituye el misterioso trémolo habitual de las cuerdas por un animado ritmo danzante en un intento por aportar un tono más alegre. Sin embargo, las sombras se ciernen rápidamente sobre el siguiente “Adagio”, cargado de una desolación que solo desaparece en su exultante coda. Un atormentado “Scherzo” con claros e inquietantes ecos de Mahler conduce al desconcertante final que tantas críticas y recelos suscitó en su estreno. Aunque resulta discutible que la inquebrantable fe de Bruckner se mantenga intacta hasta dicho desenlace, lo que es innegable es que los elementos más subversivos y contestatarios están presentes casi hasta el último minuto. No obstante, una escucha sin prejuicios revela que la Sinfonía n.º 6 es una obra sumamente conmovedora y convincente más allá de toda duda.