Sinfonía n.º 7 en mi menor

“Canción de la noche”

No es de extrañar que la necesidad de Mahler de cuestionar cada una de sus obras lo llevara a romper con todo en su Sinfonía n.º 7 (1905) y a avanzar como nunca en su modernismo. Tras completar la Sinfonía n.º 6, más clásica y cohesionada, sintió la necesidad de lanzarse a una audaz yuxtaposición de contrastes y abruptas discontinuidades que va más allá de lo que había creado hasta entonces. Los dos movimientos centrales de la obra, titulados “Nachtmusik” (Música nocturna), enmarcan su “Scherzo” más tormentoso y demoníaco. Aunque esto le granjease a esta sinfonía el sobrenombre de “Canción de la noche”, Mahler tenía claro que el salvaje y en ocasiones frenético final pertenecía claramente al reino de la luz. En cualquier caso, sus cinco movimientos presentan una sorprendente variedad de contenidos. El primero alterna visiones alpinas con una marcha impulsiva y casi delirante. A continuación, la fantasmagórica procesión de la “Nachtmusik I” nos transporta a un nuevo mundo con ecos burlones de la Sinfonía n.º 6, mientras el brillo diabólico del “Scherzo” da paso a la siniestra seducción de la “Nachtmusik II”. Tras ella, la virtuosa floritura de los timbales del final nos despierta repentinamente de una serie de vívidos e inquietantes sueños. Cerca del final, Mahler retoma el tema de la marcha del primer movimiento para, en lugar de unificar la sinfonía, subrayar su disparidad. Con ello parece decir que la vida está llena de enigmas e incluso contradicciones con las que debemos aprender a convivir.

Obras relacionadas