Sinfonía n.º 9 en re mayor

Ninguna sinfonía de Mahler invita a un viaje espiritual y emocional tan intenso como el de la Sinfonía n.º 9. Su obsesión por la muerte es una constante en su obra (de forma evidente en las marchas fúnebres de sus sinfonías), pero la pérdida de su hija en 1907 y el diagnóstico de un problema en el corazón poco después imprimieron nueva urgencia a sus visiones. El compositor se mueve aquí entre escalofriantes encuentros con la muerte y un intenso sentimiento de la desgarradora belleza y fragilidad de la vida. A lo largo de toda la partitura, se suceden ecos de la figura “ewig” (eternamente) de Das Lied von der Erde y el motivo de tres notas descendentes de la sonata para piano Les Adieux de Beethoven, una pieza que Mahler tocaba a menudo cuando era estudiante. El largo primer movimiento recorre un asombroso espectro de emociones y texturas. El segundo, robusto y rural en sus comienzos, termina en pasajes de siniestra intensidad. En la parte central del tumultuoso rondó que sigue, una trompeta trata de ascender al cielo y termina cayendo. Escuchar el adagio final, con el arco que traza de la angustia a la resignación, nos pone frente a la agonía y liberación de alguien cercano. ¿Estaba Mahler anticipando su propio final o lamentando la pérdida de su hija? El eco final de sus Kindertotenlieder (Canciones a los niños muertos) parece confirmar lo segundo.

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