Concierto para violín n.º 2 en mi mayor

BWV 1042

La vigorosa invocación de tres notas que, casi a modo de fanfarria, da inicio al Concierto para violín BWV 1042 comparte ciertas similitudes con el Concierto para violín en la menor, BWV 1041, aunque la pieza no tarda en hallar su propio camino y distinguirse de su predecesor. Escrito en la luminosa tonalidad de mi mayor, el BWV 1042 adopta la estructura de tres movimientos popularizada por Vivaldi. Ambos conciertos dotan a sus movimientos lentos de una gran carga emocional apoyándose en un reiterativo bajo y de ninguno de los dos se conoce su fecha de composición, aunque es bastante probable que pertenezcan al periodo en el que Bach dirigía el Collegium Musicum de Leipzig (desde 1729) o a su etapa al servicio del príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen (1717-23). Sin embargo, más allá de estas semejanzas hay notables diferencias. El primer movimiento en mi mayor evita el esquema del ritornello italiano, basado en una idea recurrente entrelazada con diversos episodios. En su lugar, anticipa la triple división de la época clásica, en la que una repetición de los primeros párrafos envuelve una sección central de desarrollo, aquí en do sostenido menor y culminada con una breve cadencia. Mientras que el final del BWV 1041 se inspira en la giga, el del BWV 1042 está impulsado por el enérgico y decidido compás en tres tiempos del “Passepied”, con cinco declaraciones de la proposición inicial entrelazadas con un creciente virtuosismo por parte del solista. En el movimiento intermedio, “Adagio”, en lugar de buscar liberarse del bajo repetitivo como en el BWV1041, el violín solista entabla una profunda conversación con él. Cuando el bajo desaparece de forma repentina, la música flota por un instante, reconfortada por el brillo de un cambio a una tonalidad mayor.

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