Suite para laúd n.º 2 en do menor

BWV 997

La sobria Suite para laúd en do menor, BWV 997 cuenta con un peculiar diseño que omite tanto la “Allemande” como la “Courante” que tradicionalmente inician la secuencia de este tipo de danza. Se la suele denominar “suite”, “partita” o, según el hijo de Bach, Carl Philipp Emanuel, Preludio, fuga, zarabanda y giga para teclado, lo que implicaría que fue compuesta para laúd y clavicémbalo. En cualquier caso, fue un compañero de estudios de Bach, Johann Friedrich Agricola, quien hizo una copia a la que probablemente se le añadió más tarde la notación para laúd, tal vez durante la visita a Leipzig en 1739 del gran laudista Silvius Leopold Weiss, amigo de Bach y residente en Dresde. Precedida por un “Preludio” un tanto austero, una expansiva y fluida “Fuga” desarrolla un angustioso tema que da paso a una “Sarabande” cuyo gesto de apertura recuerda el coro final de la Pasión según San Mateo. Enérgica y resuelta, la “Giga” final se expande exuberante para dar forma al virtuosísimo colofón de la obra. Acerca de las suites para laúd de JS Bach Al margen de piezas como el magnífico Preludio, fuga y allegro en mi bemol mayor, BWV 998 y el más íntimo Preludio en do menor, BWV 999, la música para laúd de Bach se reduce a cuatro suites independientes que abarcan un cuarto de siglo y que, a diferencia de las de teclado o violonchelo, nunca fueron concebidas como un conjunto. De hecho, dos de ellas son traslaciones que retoman obras anteriores para violonchelo y violín solista. Pese a su íntimo y seductor atractivo, estas Suites no están exentas de polémica, ya que se duda si fueron compuestas para laúd o para clave-laúd, un instrumento de cuerdas de tripa que produce un timbre similar al del clavecín. Bach poseía excelentes ejemplares de ambos instrumentos, pero sigue siendo objeto de especulación hasta qué punto llegaba su destreza con el laúd.

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