Sonata para violín solo n.º 1 en sol menor
Fechada a principios de la década de 1780 y posiblemente concebida con un propósito pedagógico, la Sonata para piano n.º 12 de Mozart deslumbra con su ecléctica paleta de contrastes. Abundan en ella las alusiones orquestales, así como las reminiscencias del estilo característico de la ópera bufa mozartiana. El primer movimiento, en fa mayor, destila un lirismo casi vocal, ya sea en la tranquilidad pastoral de la apertura o en la expresiva cualidad conversacional del segundo tema en do mayor. En medio de tan rica invención, el compositor introduce otra idea nueva al comienzo de la sección de desarrollo, demostrando una capacidad innovadora única. El movimiento lento, un “Adagio” en si bemol mayor, se distingue por la incorporación de adornos al tema principal, posteriormente desarrollados en la recapitulación. Aunque no aparecen en el manuscrito autógrafo, se añadieron en la primera edición publicada, lo que nos da una idea de la gran capacidad de improvisación de Mozart. El final comienza con una floritura, señal inequívoca de su gran brillantez técnica. Como en los dos movimientos anteriores, Mozart recurre a la tonalidad menor para obtener contrastes de color y carácter, pero la cualidad predominante es un virtuosismo vertiginoso que acaba dando paso a un final de apacible serenidad.
