Suite para violonchelo n.º 3 en do mayor

BWV 1009

Aunque no se sabe con certeza por qué y para quién escribió Bach sus suites de violonchelo a solo, la propia música nos da algunas pistas. A pesar de su brillantez, el panorámico “Preludio” de la Suite n.º 3 en do mayor recuerda a un ejercicio académico, con escalas, arpegios, acordes exigentes y giros melódicos que ponen a prueba la agilidad física y mental del intérprete. Después de una “Alemande” inquieta y exuberante, la “Courante” suena como otro proyecto pedagógico, esta vez para juzgar la capacidad de atravesar rápidamente todo el registro del violonchelo y dar vida a lo que, sobre el papel, parece una secuencia de notas sin nada de particular. Tras la majestuosa “Sarabande”, Bach enlaza un par de “Bourrées” cuidadosamente equilibradas, la primera (que vuelve a sonar después de la segunda) con una deliciosa cadencia de baile formal. La “Gigue” rebosa atmósfera rústica entre ingeniosos efectos sonoros y armonías discordantes. Sobre las Suites para violonchelo de Bach Las obras a solo, especialmente para violonchelo, eran poco frecuentes en la época de Bach y normalmente se improvisaban sin partitura. Sus Suites para violonchelo, compuestas en la corte de Köthen entre 1717 y 1723, siguen un patrón similar, con un preludio y un par de danzas modernas (minuetos, bourrées o gavotas) integradas en la suite tradicional de alemanda, corrente, zarabanda y giga. Publicadas en 1825, no alcanzaron la popularidad que tienen hoy hasta que Pablo Casals las grabó más de un siglo después.

Obras relacionadas