Suite para violonchelo n.º 4 en mi bemol mayor
BWV 1010
Como su predecesora, la Suite n.º 4 en mi bemol mayor comienza con un “Preludio” repleto de desafíos técnicos. El salto inicial, las dos octavas que separan el mi bemol bajo del alto, marca el tono de una sucesión de acordes arpegiados. Hacia la mitad, los pasajes libres de una especie de cadencia alternan con los espacios de la estructura anterior, como si se tratara de una lección de improvisación sobre patrones melódicos. Una alemanda formal nos lleva hasta la corrente, cuya traviesa línea melódica no deja de sorprender. La zarabanda, sonora y aristocrática, emplea los acordes sostenidos con especial eficacia. Mientras, las dos bourrées no podrían ser más diferentes: la primera, un solo sinuoso, y la segunda, una breve armonía relativamente convencional. Y la giga final suena imparable sin desviarse en ningún momento de su patrón rítmico original. Acerca de las Suites para violonchelo de Bach Las obras a solo, especialmente para violonchelo, eran poco frecuentes en la época de Bach y normalmente se improvisaban sin partitura. Sus Suites para violonchelo, compuestas en la corte de Köthen entre 1717 y 1723, siguen una estructura similar, con un preludio y un par de danzas modernas (minuetos, bourrées o gavotas) integradas en la suite tradicional de alemanda, corrente, zarabanda y giga. Publicadas en 1825, no alcanzarían su popularidad actual hasta que Pau Casals las grabase más de un siglo después.
