Suite para violonchelo n.º 5 en do menor

BWV 1011

Es muy probable que Bach compusiera inicialmente las tres primeras suites para violonchelo solo y años más tarde las completara hasta conformar la colección de seis piezas. La uniformidad y la coherencia en forma y estilo de las dos últimas parecen corroborar esta teoría, ya que ambas son algo más extensas y técnicamente exigentes que el resto y, además, la Suite para violonchelo n.º 5 en do menor, BWV 1011 emplea una afinación inusual, con la cuerda superior afinada de la a sol. En su “Preludio”, el movimiento más largo de todo el conjunto, una lenta introducción de gran riqueza armónica da paso a una sección más rápida en la que Bach nos invita a imaginar las entradas de otros instrumentos como si se tratara del diálogo de una de sus fugas para violín solo. La célebre “Zarabanda” aporta un momento de solitaria quietud en una única línea, entretejiendo una sucesión de suspiros para formar frases más extensas y descendiendo hasta sus puntos de reposo antes de elevarse de manera inesperada. La suite concluye con la sensación de inquietud que deja una enérgica giga. Acerca de las suites para violonchelo de J.S. Bach Las obras para un instrumento solista sin acompañamiento, especialmente el violonchelo, eran poco frecuentes en la época de Bach y normalmente se improvisaban sin partitura. Sus Suites para violonchelo, compuestas en la corte de Köthen entre 1717 y 1723, siguen una estructura similar, con un preludio y un par de danzas modernas (minuetos, bourrées o gavotas) integradas en la suite tradicional de alemanda, corrente, zarabanda y giga. Publicadas en 1825, no alcanzarían su popularidad actual hasta que Pau Casals las grabase más de un siglo después.

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