Trio para piano n.º 7 en si bemol mayor

Op. 97 · “Archiduque”

En 1809, la invasión napoleónica de Viena obligó al archiduque Rodolfo, el más influyente de los mecenas de Beethoven, a abandonar la ciudad. La alegría por su regreso al año siguiente animó al compositor a escribir este trío para piano a escala sinfónica como regalo de bienvenida. Que el archiduque debía de ser un buen pianista está implícito en la partitura, ya que la composición pianística exige una técnica depurada y una considerable habilidad para la expresión y la coloración tonal. Sin embargo, no se trata de un simple homenaje para su principesco benefactor: el violín y el violonchelo comparten protagonismo con el piano, y la relación entre los tres instrumentos (por momentos dinámica, tierna y humorística) es parte esencial de la riqueza y la vitalidad que han dado fama a la obra. El expansivo primer movimiento combina drama y lirismo con un aplomo de porte aristocrático. Después de un scherzo burlón y siniestro a partes iguales, el tercer movimiento consiste en una variación de singular belleza que transforma un tema central con aires de himno en una de las meditaciones más serenas de Beethoven. El final emerge en una de las transiciones más memorables del compositor, un viaje que nos lleva de la contemplación celestial a la tierra firme con irresistible naturalidad.

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