Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor
La popular “Claro de luna” es la segunda de las dos de sonatas para piano que Beethoven compuso en 1801, el año en el que trabajaba en su Sinfonía n.º 2. Ya durante su vida, el primer movimiento se convirtió en la más famosa de sus obras, algo que siempre lo irritó. Ambas sonatas llevan el sobrenombre de “Sonata quasi una fantasia”, en referencia a los dos elementos que les dan forma. Respecto al nombre de “Claro de luna” no fue idea del compositor. En 1832, cinco años después de su muerte, el crítico alemán Ludwig Rellstab describió el primer movimiento como una evocación de la luz de la luna sobre el lago de Lucerna y la expresión cayó en gracia. Su tonalidad, do sostenido menor, era tan inusual (Haydn la usó solo una vez, Mozart nunca y Beethoven solo volvió a ella en su Cuarteto de cuerda, Op. 131) como la íntima expresividad de la música. El primer movimiento transcurre bajo la apariencia de una improvisación que oculta el tenso equilibrio de su lógica formal, mientras que el repique de la línea melódica insinúa una marcha fúnebre. Liszt se refirió al breve movimiento central, un melancólico intermezzo, como “una flor entre dos abismos”. El final es la música más tormentosa de Beethoven hasta la Sonata para piano n.º 32 “Appassionata” de 1805. Los arpegios y las violentas explosiones del “Presto agitato” llevan a los instrumentos de la época al límite en las puntuaciones rítmicas que aceleran el suave motivo del primer movimiento.
