Sonata para piano n.º 21 en do mayor

Op. 53 · “Waldstein Sonata”

Las innovadoras obras para piano de Beethoven no solo se inspiraron parcialmente en la rápida evolución de la fabricación de teclados, sino que a su vez también la estimularon. Esta retroalimentación entre autor y diseñador alcanzó nuevas cotas creativas con la Sonata para piano n.º 21 o “Waldstein”, compuesta entre 1803 y 1804 por Beethoven sobre su nuevo piano Érard, que contaba con pedales en lugar de palancas de rodilla, un teclado expandido y una proyección tonal significativamente mejorada. El alemán compuso lo que en realidad era una sinfonía para piano y se la dedicó al conde Ferdinand von Waldstein, uno de sus mecenas y seguidores más devotos. Mientras que la Sonata para piano n.º 23 o Appassionata, terminada al año siguiente, tiende hacia los arrebatados acordes fortissimo, la “Waldstein” destaca por sus veladas sonoridades pianissimo y su innovación textural, acentuada por las ondulantes octavas en glissando de su coda y por los trinos que envuelven el tema. La sonata invierte ya desde el principio las convenciones, al abrirse con una idea cuya presentación de acordes repetidos y trémolos oscilantes resulta más llamativa que el propio tema. El segundo movimiento le da la vuelta al procedimiento, centrándose esta vez en su encanto melódico. Beethoven lo concibió inicialmente como una pieza lenta separada y extensa, similar al popular Andante favori, pero acabó sustituyéndolo por una breve “Introduzione” y dejando así el peso expresivo sobre el jubiloso final, en el que prueba a desdibujar las distinciones entre los modos mayor y menor e incluso cambia los acordes mediante el pedal.

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