
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 2011 · 4 pistas · 23 min
Sinfonía n.º 1 en do mayor
Op. 21
La Sinfonía n. º 1 de Beethoven es el punto de partida del periplo sinfónico más apasionante de todos los tiempos. En 1800, con 30 años, el maestro alemán estaba ya establecido en Viena como compositor de música de cámara y virtuoso pianista. Sin embargo, los acordes iniciales de su primera sinfonía, con sus cuerdas pulsadas y sus vientos sostenidos, debieron hacer notar al público de la capital imperial que aquel músico tenía algo radicalmente nuevo que decir en una escena todavía dominada por Mozart y Haydn. Si bien la influencia de tan imponentes antecesores sigue siendo palpable, Beethoven rompe con la tradición ya al comienzo de la sinfonía, al agregar una disonancia que desestabiliza el acorde en do mayor y conduce instantáneamente a inesperados terrenos armónicos. La lenta introducción da paso a un “Allegro con brio” que eleva la energía de la pieza, recordando el estilo de Haydn y el lirismo de Mozart con un nuevo dinamismo que resulta ya claramente beethoveniano. Ni siquiera el movimiento lento resulta tranquilo, pues va incrementando su intensidad desde la ingenua melodía de violín de apertura hasta un “Andante” de creciente expectación. El exuberante “Menuetto”, por su parte, parece un impulsivo grito de alegría, e incluso el más sosegado “Trio” fluye con una emoción apenas reprimida. Por último, una ficticia llamada de atención anuncia la titubeante intención de los violines de construir la escala ascendente que da pie a las travesuras del final, marcado por un humor que alivia la tensión sinfónica acumulada en los tres movimientos anteriores. Tal vez faltasen todavía dos o tres años para que Beethoven empezase a sacudir los cimientos musicales de la época, pero este primer ensayo puramente orquestal anuncia ya que la sinfonía del siglo XIX sería radicalmente distinta a todo lo anterior.