Concierto para piano n.º 4 en sol mayor

Op. 58

El Concierto para piano n.º 4 de Beethoven es una de las obras imprescindibles del género. Sin duda, aporta innovaciones cuyo impacto en el público contemporáneo es apenas imaginable. Para los oídos modernos, el efecto de abrir con una simple declaración temática del instrumento solista puede no parecer revolucionario, pero apenas tenía precedentes (Mozart insinuó algo similar en su Concierto para piano n.º 9). El carácter operístico de la interacción entre pianista y orquesta en el movimiento lento fue otra gran innovación. El compositor empezó a trabajar en esta obra en 1804, aunque la primera interpretación pública no llegaría hasta diciembre de 1808, en el marco de uno de los históricos conciertos en los que también se estrenaron las sinfonías Quinta y Sexta. Después de la apertura solista, el primer movimiento se desarrolla de forma más convencional, aunque la estrecha relación establecida entre solista y orquesta prosigue en el movimiento intermedio, “Andante con moto”, un intermezzo con cuerdas al unísono a modo de recitativo al que responden reiteradas frases apaciguadoras del piano. Esto conduce directamente al rondó final, que comienza en do mayor para después regresar a la tonalidad de sol mayor, rematando una pieza de espíritu enérgico, audaz desde el punto de vista armónico, pianísticamente innovadora y cautivadora en su conjunto.

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