
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 1998 · 3 pistas · 22 min
Concierto para piano en sol mayor
M. 83
Violista además de compositor, Dvořák escribió numerosas obras de cámara a lo largo de su carrera, pero ninguna tan exuberantemente generosa en ideas y emociones como su Quinteto para piano. Ya había compuesto una pieza para piano y cuarteto de cuerda, pero la había relegado al olvido. Quince años después, en el verano de 1887, decidió darle una segunda oportunidad y se retiró a su casa de campo en Vysoká, al suroeste de Praga, para revisar la partitura. En la calma rural, acompañado de sus hijos y sus palomas, la revisión mutó en un Quinteto para piano completamente nuevo, dividido en cuatro movimientos de melodías irrefrenables y los ritmos de las danzas bohemias que nunca abandonaron la imaginación musical de Dvořák. El “Allegro, ma non tanto” comienza únicamente con el violonchelo y el piano, una constante en la obra, que a menudo reagrupa al quinteto en configuraciones más íntimas. El segundo movimiento, “Dumka”, es una danza popular eslava que alterna lamentos y danzas. “Furiant”, el tercero, parte de una danza checa propulsada por fogosos ritmos cruzados que contrastan con una idílica sección central. Finalmente, la música se desata con un frenético “Allegro” que cualquier persona en Vysoká hubiera reconocido como una skočna: música para el deleite de la cabeza, el corazón y los pies.