Glassworks

Mucho más accesible y concisa que otros grandes títulos de su extensa discografía, Glassworks es la obra ideal para adentrarse por primera vez en el complejo universo sonoro de Philip Glass, quien la compuso en 1981 precisamente como una suerte de guía para principiantes. El compositor gozaba ya entonces de un amplio reconocimiento gracias a monumentales partituras teatrales como Einstein on the Beach o Satyagraha, obras que demandaban una fuerte implicación y un notable esfuerzo por parte del oyente. Deseoso de atraer a un público más amplio, el compositor aceptó el encargo de CBS Records de crear un grupo relativamente sencillo de piezas de cámara diseñadas específicamente para el estudio de grabación y, en última instancia, para el floreciente mercado de reproductores de música portátiles que empezaban a inundar las calles de todo el mundo. El resultado fue Glassworks, una obra en la que un reducido grupo de instrumentos alterna distintas combinaciones a lo largo de seis movimientos de no más de seis o siete minutos de duración. El primero, titulado de manera prosaica “Opening”, es un solo de piano que cuenta con la participación de una trompa en su tramo final y resume a la perfección el estilo minimalista del Glass de los años setenta y ochenta, marcado por la repetición de acordes oscilantes, el pulso lento e insistente y los cambiantes patrones rítmicos que generan un estático trance. Algo similar ocurre en “Floe”, “Island”, “Rubric”, “Facades” y “Closing”, los cinco movimientos restantes con los que el compositor desafía la tradicional concepción occidental de la música como un relato dotado de principio, nudo y desenlace.

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