
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 2018 · 4 pistas · 33 min
Sinfonía n.º 40 en sol menor
K. 550, KV 550
La motivación tras las últimas tres sinfonías de Mozart sigue siendo un misterio. Es probable que estuviera pensando en una serie de conciertos públicos, pero no sabemos si estaban programados o eran una mera idea. En cualquier caso, la Sinfonía n.° 40 en sol menor fue la segunda de las que compuso en el glorioso verano de 1788, apenas cuatro semanas después de su predecesora. Si la Sinfonía n.º 39 va adquiriendo calidez emocional a medida que la música avanza, la 40.ª es implacablemente seria, marcada por la turbulenta tonalidad de sol menor. El primer movimiento, “Molto allegro”, comienza con una insistente figura que, a pesar de su naturaleza melódica, se convierte en un factor de pesadumbre e inquietud. El largo y lento “Andante” es el único movimiento que escapa del sol menor, pero no de la corriente subterránea de ansiedad. El “Menuetto”, también tenso y de contornos ásperos, solo encuentra un poco de paz en el “Trío” central. En lugar del tradicional final feliz, la obra concluye con uno de los movimientos sinfónicos más feroces de Mozart, un “Allegro assai” cuyo tormentoso desarrollo comienza con el que quizás sea el más original y dramático de todos sus gestos orquestales. Dada la complejidad del lenguaje musical de Mozart comparado con el de sus contemporáneos, no sorprende que durante en las décadas siguientes, la Sinfonía n.° 40 se considerara casi tan difícil de comprender como de interpretar.