Concierto para flauta, arpa y orquesta en do mayor

K. 299, KV299, K. 297c, KV297c

A principios de 1778, un Mozart de 22 años recorría las calles de París en busca de oportunidades remuneradas en el ámbito musical. Uno de los trabajos que consiguió fue el de enseñar composición a la hija de un rico duque, que era además una excelente arpista. Su padre, un flautista aficionado, encargó a Mozart un concierto que padre e hija pudieran tocar juntos. Finalmente, el aristócrata se negó a pagar al compositor, quien no recibió nada por la partitura. El primer movimiento del Concierto para flauta y arpa captura al Mozart más luminoso en un diálogo entre la voz extrovertida y afable de la flauta y el elegante recato del arpa. El breve coqueteo final con el tono menor apenas altera la sensación general de sosegado bienestar. El movimiento lento suena balsámico, con la flauta como protagonista melódica y el arpa tejiendo frases líricas a su alrededor. En el animado final, inspirado en la danza, ambos solistas intercambian florituras mientras la música avanza hacia un agradable desenlace sin sobresaltos.

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