Concierto para clarinete en la mayor

K. 622, KV622

Mozart terminó su Concierto para clarinete apenas dos meses antes de morir. Aunque no hay documentación que lo confirme, es probable que se estrenara en Praga en octubre de 1791. Lo que sí sabemos es que lo escribió expresamente para el clarinete di bassetto del virtuoso austriaco Anton Stadler. El espectro melódico del nuevo instrumento permitía registros más bajos que el clarinete tradicional, pero el entusiasmo de Stadler no fue suficiente para popularizarlo y la primera versión impresa de la partitura, publicada a comienzos del siglo XIX, traspuso las notas más graves para acomodarlas al rango convencional. Son detalles que, en cualquier caso, tienen poca relación con la riqueza musical de un concierto en el que Mozart explora todas las posibilidades expresivas del instrumento. El “Allegro” inicial, por ejemplo, alterna brillantes pasajes de notas rápidas con momentos que comparten la introspección lírica del “Adagio” posterior y sus melodías casi operísticas. El “Rondo finale” empieza y termina con alegría, pero las resonancias oscuras de su parte central sugieren una melancolía siempre cercana a la superficie.

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