Con sus gestos románticos floridos, su fraseo aletargado y sus melodías fluidas, la música de Cécile Chaminade (1857-1944) resulta inconfundiblemente francesa. Su talento para las melodías inspiradas y de espíritu ligero se puede apreciar en sus canciones, como Berceuse y Mignonne; en contraste, su Sonata para piano en do menor y el clásico imperecedero Automne se acercan al profundo dramatismo de Liszt o Schumann. Al ser también una pianista sobresaliente, Chaminade aportó un impresionante dominio de la textura y el ritmo a obras como Pierrette y la deslumbrante Toccata.