Este álbum captura una unión exquisita entre instrumento y música. El laúd Rauwolf de Jakob Lindberg data del siglo XVI (modificado en el XVII) y su tono inconfundible es ideal para las geniales filigranas de Bach. Muchas de las piezas del programa fueron escritas para el violín, el violonchelo y el clavecín, pero la música trasciende el medio y encuentra su hábitat natural en el laúd. Lindberg aborda con expresividad partituras como la majestuosa “Chaconne” de la Partita para violín solo n.º 2 o la Suite para violonchelo n.º 1. Escuchar su laúd es como asistir a escondidas a un momento de devoción íntima en el que desaparece el espacio que separa al músico de su público.