Al frente de la Kammerorchester Basel y el Coro de la NFM, Giovanni Antonini impone en esta versión de la novena sinfonía de Beethoven un ritmo que sigue, y en ocasiones excede, las vertiginosas indicaciones metronómicas de la partitura, probablemente debidas al propio compositor. El resultado no podría ser más satisfactorio, en buena parte gracias a la inmaculada ejecución de músicos y cantantes, pero también a la capacidad del director para presentar la obra como un organismo vivo que avanza sin pausa hacia la famosa “Oda a la alegría”.
Antes, el lirismo del movimiento lento llega a nuestros oídos como la voz de quien confiesa un amor secreto y nos prepara para el inspirador himno a la hermandad universal.