Keith Jarrett es ante todo uno de los improvisadores de jazz más respetados del mundo, pero a lo largo de su carrera también ha grabado álbumes dedicados a Bach que deben tomarse muy en serio. Y este es uno de los mejores. Como acompañante de la siempre emocionante violinista Michelle Makarski, Jarrett establece una conexión musical que se diría telepática, particularmente en el tercer movimiento de la Sonata n.° 1, donde las preguntas y respuestas de Bach se traducen en una lenguaje musical de gran intimidad y delicada sensibilidad. En otros momentos, como en el movimiento final de la Sonata n.°4, la fuga que tejen el violín y el piano es de una belleza arrebatadora.