Al explorar la música de Beethoven, nuestro primer impulso es sumergirnos en sus sinfonías, sonatas y cuartetos de cuerda. Y es lógico porque es donde se encuentran algunas de las mayores obras maestras de la historia. Pero hay mucho más, como piezas que, por diferentes razones, han terminado arrinconadas en el trastero del repertorio, antes admiradas y hoy olvidadas. En esta colección, Matthias Kirschnereit nos invita a un viaje de descubrimiento por la obra del compositor. “¡Yo tampoco conocía la mayoría de la música de este álbum!”, confiesa el pianista alemán a Apple Music. “La búsqueda de las piezas más interesantes fue muy emocionante”. Pero Beethoven: Unknown Solo Piano Works no es una mera colección de rarezas arbitrarias. “Quería incluir piezas que Beethoven escribió a los 12 años y también la última que escribió para piano, en 1825”. Kirschnereit ha conseguido representar todas las formas que Beethoven utilizó en su música para piano, entre ellas, la sonata, la sonatina, la bagatela, las variaciones y el rondó. Aquí nos habla de todas las etapas de este trayecto mágico.
Polonaise in C Major, Op. 89
“Es un placer absoluto, una pieza efervescente, llena de humor y sorpresas inesperadas. Beethoven se la dedicó a la esposa del zar Alejandro. Lo fascinante es cómo usa el ritmo de la polonesa de una manera única. Hay mucho espíritu y mucha improvisación”.
Allegretto in C Minor, WoO 53
“Esta es muy oscura y profunda. Puede que Schumann se inspirara en su pasión y el pasaje central en mi bemol mayor para componer su Cuarteto para piano. El final es muy frágil y poético, como una composición de Schubert. Es casi como si Beethoven estuviera mirando a la música futura del siglo XIX”.
Bagatelle, WoO 54 (Lustig und traurig)
“‘Lustig und traurig’, feliz y triste, divide a los seres humanos en dos estados de ánimo generales. Por supuesto, hay miles de emociones entre una y otra. A primera escucha, esta es una pieza ingenua y sencilla, pero hay muchas variaciones de la alegría, que a veces puede ser frágil y otras más firme”.
Rondo in C Major, WoO 48
“Beethoven escribió el Rondó en do mayor a los 13 años. Hay ecos de Mozart y Haydn, pero ya se nota su confianza en sí mismo. He añadido un poco de ornamentación y unas cuantas escalas para destacar el hecho de que buena parte de la música de la época era improvisada”.
Bagatelle in C Minor, WoO 52
“Es tan dramática que me parece una precursora de la Quinta sinfonía. No solo está en la misma clave de do menor, también tiene el mismo ritmo. Las escalas ascendentes y descendentes hacen que el trío suene muy moderno”.
Prelude in F Minor, WoO 55
“Este fue un descubrimiento maravilloso y conmovedor. Lo veo como una conversación íntima entre Beethoven y Bach. Fue compuesta en 1803, cuando Beethoven ya sabía que se estaba quedando sordo. Es una pieza muy emotiva y triste”.
Sonata in F Minor, WoO 47
“Además de las 32 sonatas para piano, hay tres maravillosas sonatas juveniles que Beethoven escribió alrededor de los 12 años. Esta es la mejor. Es una pieza madura en fa menor, que fue una clave muy importante para él. El primer movimiento tiene una pasión desbordante, con sorprendentes giros armónicos, mientras que el segundo está escrito para piano. Pero Beethoven estaba escuchando una orquesta en su mente, casi puedes sentir las maderas y las trompas. El movimiento final es dramático e inquieto”.
7 Ländler in D Major, WoO 11
“Beethoven quería que su música llegara a todo el mundo, no solo a la gente con educación musical. A veces puede ser muy accesible. No es superficial, pero está hecha para disfrutar. Estos pequeños bailes son tan físicos, alegres y emocionantes… ¡Te dan ganas de bailar!”.
Piano Piece for Piringer in B Minor, WoO 61
“Esta es una obra muy personal, melancólica e introvertida que Beethoven escribió hacia el final de su vida, en 1821, cuando prefería concentrarse en la polifonía. Está dedicada a alguien llamado Ferdinand Piringer. Puede que fuese un regalo espontáneo”.
Piano Piece in B-Flat Major, WoO 60
“Es breve pero asombrosa. Pasan muchas cosas en muy poco tiempo, con todo escrito en unas pocas líneas. Está tan condensado como en la música de Anton Webern. En unas pocas notas, puedes encontrar todas las emociones, todos los sentimientos y todas las ideas”.
Ecossaises in E-Flat Major, WoO 83
“La Écossaise viene de Escocia y estos bailes son como seis variaciones de la alegría. Algunos son encantadores, otros más rudos y realistas. Las he tocado todas con mucha libertad e intenté dar a cada baile una personalidad diferente. La música es fascinante, encantadora y a veces coqueta”.
Minuet in E-Flat Major, WoO 82
“Este minueto me apasiona. En algunos momentos, me recuerda al comienzo de la Sonata Op. 31 n.º 3. Está en la misma clave y tiene la misma construcción armónica. El trío está escrito como si lo fuese a tocar un cuarteto de cuerda”.
Sonatina in F Major, Kinsky Halm Anh.5 No. 2
“Esta es la única pieza del álbum en la que existen dudas sobre la autoría de Beethoven. Siempre se publica bajo el nombre de Beethoven, ¿quién más en aquella época podría haber compuesto algo tan único y característico? Tiene un espíritu chispeante y animado, y el rondó está repleto de humor. ¡Hay pasajes que son una auténtica locura!”.
6 Variations in F Major, Op. 34
“Me enamoré de estas variaciones cuando estudiaba en Hamburgo y se las escuché a Alfred Brendel. Me sorprendieron mucho y no esperaba que Beethoven pudiera sonar tan moderno. Cada variación tiene una tonalidad y un tempo diferentes. Son como canciones líricas sin letra”.
Waltz in E-Flat Major, WoO 84
“Creo que lo escribió en 1824, así que es un Beethoven muy tardío. Se nota especialmente en el trío que viene de una época en la que Beethoven tendía a las escalas amplias en el piano, con la mano derecha subiendo y la izquierda bajando. Me encantan su simplicidad y su profundidad”.
Andante in C Major, WoO 211
“Esta pequeña pieza es un milagro, pero tienes que leer entre líneas para descubrir sus encantos ocultos. Es música muy frágil y vulnerable, muy personal”.
Piano Piece in G Minor, WoO 61a
“Esta es la última obra de Beethoven para piano solo. Escribió estas dos líneas en 1825 y se las dio como recuerdo a Sarah Payne, la hija del historiador de la música Charles Burney. Hasta en una pieza tan breve se escucha la pasión de Beethoven por la polifonía”.