Películas como Chocolat y La duquesa son inimaginables sin la música de Rachel Portman, que aquí nos invita a un viaje por sus bandas sonoras como piezas independientes de las imágenes que las inspiraron. Al piano y con el único acompañamiento ocasional de la violonchelista Raphaela Gromes, la compositora británica transforma sus melodías cinematográficas en íntimas viñetas a lo largo de un arco emocional que empieza y termina con los evocadores temas de Las normas de la casa de la sidra. Los nuevos arreglos destilan la esencia de la música y ponen en primer plano el genio melódico de Portman, quien además se revela en la grabación como una pianista de primer orden.