La Filarmónica de Berlín no se ha detenido en Shostakovich a menudo, pero en estas tres piezas sinfónicas demuestra su maestría. Al frente de la orquesta en una sala con el aforo limitado por la pandemia, Kirill Petrenko combina precisión quirúrgica e intensidad expresiva en la expansiva Octava. La concisa Novena abunda en restallantes pasajes de maderas, especialmente en un tercer movimiento magistral, mientras que la Décima impacta con formidable pegada, sobre todo en la electrizante lectura de su “Allegro”. Se hace difícil pensar en mejores versiones grabadas de cualquier de las tres, y la convicción de Petrenko resulta contagiosa desde el primer compás.