Las sonatas y partitas de Bach están tan establecidas como cumbre del repertorio barroco para violín que a menudo oscurecen la fama de muchas de sus coetáneas. En Solo, la alemana Isabelle Faust rescata algunas de estas partituras “perdidas” con resultados fascinantes. Los arpegios de la Fantasía para violín en la menor de Nicola Matteis Jr., por ejemplo, flotan con ingrávida delicadeza en su versión. Faust captura también la elegante sensibilidad del Amusement pour le violon seul de Louis-Gabriel Guillemain y teje un vibrante tapiz musical con las acrobacias y filigranas de Johann Joseph Vilsmayr. En la passacaglia que Biber dedicó al ángel de la guarda en las Sonatas del Rosario, su violín encuentra una expresión tan virtuosa como sutilmente hipnótica.