Harold en Italie (1834), la segunda sinfonía de Berlioz, dista mucho de la atmósfera opiácea de la Symphonie fantastique escrita cuatro años antes. Inspirada por la poesía de Byron, nació como un concierto que Paganini, su instigador, terminó rechazando por lo que le pareció una parte solista demasiado discreta para sus habituales despliegues pirotécnicos. La partitura, emocionante y de temas complejos, exige un solista de talante democrático. Con sutileza expresiva y la suntuosa sonoridad que define su estilo, Lawrence Power pone en primer plano la encantadora corriente humorística que recorre la obra. Por su parte, Andrew Maze dirige a una Filarmónica de Bergen que suena alerta y exuberante en los momentos clave.