La vida de Kurt Weill estuvo íntimamente ligada al cataclismo que sacudió su Alemania natal a comienzos de los años 30. Esta histórica grabación de Joana Mallwitz al frente de la Konzerthausorchester Berlin arroja nueva luz sobre sus dos sinfonías, tan poco conocidas como fascinantes. Entre una y otra, el “ballet cantado” Die sieben Todsünden se sirve de los siete pecados capitales para articular una feroz sátira social que vio la luz poco después de que Hitler tomase el poder en 1933.
Fundada en Berlín Oriental a comienzos de los años 50, la Konzerthausorchester fue la respuesta de la RDA a la Filarmónica del lado occidental. Weill, que creció en el barrio judío de la ciudad oriental de Dessau, llegó a Berlín con 18 años para estudiar en la Hochschule für Musik y regresaría dos años más tarde para tomar lecciones con Ferruccio Busoni. “¿Qué mejor enclave para celebrar su música que el lugar en el que nacieron estas dos sinfonías?”, apunta Mallwitz.
“En cada nota, escuchas a un joven compositor lleno de ideas”, explica la directora. “Si no encuentras la idea central, que para mí es la fe en la paz y la humanidad, la obra tiende a desmoronarse. La orquesta y yo sentimos una conexión emocional profunda con la música. Sudamos sangre y lloramos a lágrima viva en los ensayos. Terminamos orgullosísimos y muchos músicos me decían que habíamos hecho la obra nuestra”.