Durante las últimas décadas del siglo XX, un grupo de compositores de Europa oriental en el que se contaban Arvo Pärt, Henryk Górecki y el ucraniano Valentin Silvestrov abandonaron las pretensiones de la vanguardia para desarrollar un estilo tonal de contornos suaves que pronto encontró el favor del público.
Silvestrov nos invita a contemplar las eras clásica y romántica bajo el prisma difuso de una vidriera en Kitsch-Musik, una fascinante serie de miniaturas para piano que evoca la música de Schumann, Brahms o Chopin como si de improvisaciones espectrales se tratara, especialmente en la cálida lectura de Alexei Lubimov.
La misma fuerza hipnótica es evidente en las 11 canciones de Stufen, con textos tomados de la poesía rusa y un poema de Keats. La pureza exuberante de la soprano Viktoriia Vitrenko se revela ideal para una colección que fluye con la dulzura de un lago en calma.