Tras sus grabaciones de las sinfonías séptima (Diapason d’Or) y octava (premio al Mejor disco sinfónico del año en los International Classical Music Awards), Paavo Järvi y la Orquesta de la Tonhalle de Zúrich concluyen este homenaje a Bruckner en su bicentenario con una versión de la novena. La historia de la orquesta ha estado íntimamente ligada a la música del compositor austriaco desde 1903, cuando tocó por primera vez en Suiza una de sus sinfonías bajo la batuta de Richard Strauss. “La gran tradición clásica y romántica de la Tonhalle la hace ideal para la música de Bruckner, la piedra angular de las orquestas sinfónicas modernas”, explica Paavo Järvi. Bruckner escribió esta despedida musical (con las palabras “adiós a la vida” escritas en la partitura) en sus últimos años y, según la leyenda, aún estaba trabajando en la sinfonía el día que murió.