El piano Francesco Piemontesi, desde el primer compás con el solista, se dará cuenta de que estás en una interpretación bastante especial. A diferencia de otros muchos intérpretes que interpretan Brahms, nunca golpea su instrumento, incluso cuando existe la tentación de crear un efecto “tempestuoso”. Y no te dejes engañar por este aspecto, porque este es un espectáculo no solo para los ojos. En la parte orquestal más importante, escucharás la pasión de Brahms por el tema que abre el álbum. Entre el pianista y el director, Manfred Ho, el drama se desarrolla con fluidez, convirtiéndose en un constante ascenso y un clímax que recuerda a la furia doliente del iPrimer concierto/i. Después de escuchar la llamada, la música parece más elegíada después de una tormenta y un contrapunto memorable. Todo, sin “un personaje” suena tan evocador como siempre. Y a través de dos movimientos extraordinarios, la sensación de estar esperanza y la esperanza al final del movimiento es mucho más directo. Incluso en las últimas piezas, los ritmos implacables son el trance de una pieza en continuo movimiento. Las piezas a solo de Brahms, a menudo grabadas en el último, se sitúan en el contrapunto.