
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 2018 · 3 pistas · 9 min
Concierto para violín en mi mayor
RV 269, Op. 8/1 · “Primavera de Las Cuatro Estaciones”
“Llegó la primavera y, festejándolo, la saludan los pájaros con alegre canto”, empieza el soneto con el que Vivaldi prologa el primer concierto Las cuatro estaciones. No solo pensó en el público, sino también en los músicos, que debían conjurar sonidos que van del canto de los pájaros a los ladridos de un perro. Como el resto de la serie, “La primavera” divide sus viñetas atmosféricas en dos movimientos rápidos con uno lento entre medias. La danza bulliciosa del “Allegro” pronto deja lugar a las llamadas de los pájaros, ensimismados en un diálogo de staccatos, trinos y escalas que solo los relámpagos del violín pueden interrumpir. Pasada la tormenta, regresa la danza y una brisa murmura sobre los prados en el “Largo”. Un pastor duerme mecido por la canción de cuna del violín mientras su perro, que ladra desde la viola, cuida del rebaño. Las cuerdas bajas del “Allegro pastorale” final evocan el sonido de las gaitas que acompañan los bailes de las ninfas y los pastores, entrelazados en las melodías del violín solista y sus acompañantes. Sobre Las cuatro estaciones De una tormenta primaveral al bochorno del verano, las fiestas de la cosecha y el viento gélido del cruel invierno, los conciertos para violín de Las cuatro estaciones pintan el vívido fresco musical de un año en el campo. Aparecieron publicados por primera vez como parte de la colección Il cimento dell'armonia e dell'inventione (El concurso entre la armonía y la invención) en 1725, pero siempre han sido música descriptiva en una época de abstracción, una banda sonora que se adelantó casi dos siglos la invención del cinematógrafo.