Balada n.º 1 en sol menor
El ciclo completo de seis sonatas y partitas para violín solo de Johann Sebastian Bach concluye de manera deslumbrante con el brillo de la Partita para violín solo n.º 3, que nada tiene que ver con su sonata de apertura, la BWV 1001, en cuanto al ánimo que transmite. Desde el primer acorde en sol menor, compuesto por cuatro notas que resuenan con amenazante intensidad, queda claro que esta obra tiene un tono completamente distinto. Sin embargo, pronto una breve serie descendente de notas ofrece un breve respiro, como si nos permitiera tomar aliento antes de adentrarnos en el resto de la partitura. La sonata BWV 1001 es rica en ornamentación y audaz en su diseño armónico, lo que le confiere una notable profundidad expresiva. El conmovedor “Adagio” que la sigue destila una profunda introspección, disipada con la determinación de la “Fuga”. Aquí, Bach demuestra un considerable virtuosismo al explorar un intrincado contrapunto, en lugar de buscar la atención mediante la exhibición. Los acordes punteados resuenan con un desafío que se niega a estar encorsetado por las cuatro cuerdas y el arco del violín. La elección de la tonalidad de sol menor permite que las dos cuerdas inferiores del violín, sol y re, resuenen de manera expansiva y libre. El tercer movimiento de la sonata, una “Siciliana”, ofrece un bálsamo para el espíritu. Dirigiéndose hacia la consoladora tonalidad mayor relacionada de sol menor (si bemol), la suave melodía brinda un alivio, incluso cuando Bach teje intrigantes complejidades en torno al evocador ritmo de una canción de cuna. No obstante, una nube de melancolía persiste en el ambiente, como si la profundidad de los dos movimientos iniciales no pudiera ser disipada con tanta sencillez. Y en realidad, no es por mucho tiempo. El movimiento final revive el drama intenso en sol menor, impulsado por un feroz torbellino de notas que fluyen sin pausa, interrumpido solo por los acordes decididos que señalan el final de cada sección. Sobre las partitas y sonatas para violín solo de JS Bach Bach fue uno de los más excelsos teclistas de su época, pero su carrera realmente comenzó como violinista. Gracias a su amistad con músicos de la talla de Westhoff y Pisendel, el compositor alemán llegó a comprender el instrumento a la perfección y, de hecho, prefería dirigir la orquesta de Köthen desde la sección de cuerda. Cuan profundo era su dominio del violín puede deducirse de los seis solos sin acompañamiento de bajo recopilados en un manuscrito de 1720. Estas piezas, auténticos hitos de la tradición violinística germana, se dividen en tres partitas guiadas por el modelo de las suites francesas y tres sonatas que siguen las líneas de la iglesia italiana, alternando movimientos lentos y rápidos.
