Sonata para violín n.º 5 en fa mayor

Op.  24 · “Primavera”

Durante el periodo clásico y los años inmediatamente posteriores, lo que hoy en día llamamos sonatas para violín se publicaban realmente como sonatas para piano con acompañamiento de violín. Algunas obras de Haydn y Mozart se ajustan más o menos a esta descripción, pero el talante democrático de Beethoven también se reflejaba en su actitud hacia la música de cámara, según la cual cada instrumento debe ser el primero entre sus iguales. La Sonata para violín n.º 5 es un buen ejemplo de ello, con un violín que comienza con una hermosa melodía de largo aliento que solo después de haberse terminado permite al piano reclamarla y llevarla en nuevas direcciones. La sonata se publicó en 1801, pero fue tras la muerte de Beethoven en 1827 cuando empezó a ser conocida como la sonata “Primavera”. Este tipo de apelativos no siempre resulta útil en el mundo de la música clásica, pero en este caso resulta perfecta. El primer movimiento es alegre, expansivo, cargado de un generoso lirismo que alberga la promesa de la juventud. El adagio, aún más tranquilo, tiene algo de la atmósfera de la “Escena junto al arroyo” de la sinfonía “Pastoral”, mientras que el scherzo y el canto final también muestran al Beethoven menos intenso y más jovial, en las antípodas del compositor-héroe de la sinfonía “Heroica”.

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