Sonata para piano n.º 1 en fa menor
La imagen popular del joven Beethoven como un revolucionario musical ingobernable cuenta solo la mitad de la historia. Tras el ruido y la furia, el compositor planificaba su carrera con meticulosidad. Después de mudarse a Viena desde su Bonn natal en 1792, comenzó a trabajar en sus tres Tríos para piano, op. 1 y en las tres Sonatas para piano, op. 2 con la esperanza de encontrar un mecenas. Los tríos estaban dedicados al príncipe Karl Lichnowsky (1761-1814), quien de inmediato lo invitó a estrenar las sonatas, dedicadas a Haydn, en su palacio. Beethoven abre la serie con la Sonata para piano n.º 1 en fa menor, una tonalidad dramática a la que regresaría en dos obras clave de su madurez, la Sonata “Appassionata” y el Cuarteto de cuerda “Serioso”. El intenso “Allegro” inicial llama inmediatamente la atención con la fulgurante figuración ascendente que aprendió de los sinfonistas de Mannheim. La tensión da paso a cierta placidez en el sereno “Adagio”, basado en un cuarteto para piano que había escrito años antes. Finalmente, un minueto de tono lúgubre desemboca en el radiante final del “Prestissimo”.
