

“Uno de los mayores desafíos, y también uno de los aspectos más gratificantes, de la música de Mozart es encontrar siempre belleza, propósito y sentido en cada nota”, cuenta Jan Lisiecki a Apple Music Classical. “No podemos simplemente depender del volumen, del virtuosismo o del efecto de tocar muchas notas para que la música funcione. Tenemos que concentrarnos en lo que realmente tenemos”. La atención al detalle y al matiz del pianista canadiense se percibe con total claridad en sus elocuentes interpretaciones de los Conciertos para piano No. 9 y No. 22 de Mozart. El primero fue escrito el mes en que el compositor cumplió 21 años; el segundo, una obra luminosa, nació en Viena ocho años después. Ambos comienzan y terminan en mi bemol mayor, incluyen movimientos lentos contemplativos en tonalidad menor y comparten muchos otros puntos en común, entre ellos la línea cantabile del piano. “Mozart era un compositor de ópera, y eso se nota claramente en sus conciertos”, señala Lisiecki. “Escribía para piano como si fuera una voz y el pianista, un cantante. Algunos instrumentos de la orquesta también asumen ese mismo papel”. Lisiecki destaca las partes de la flauta y los clarinetes en el No. 22, estos últimos presentes por primera vez en uno de los conciertos para piano de Mozart. “Siempre existe ese elemento de diálogo entre nosotros”. También se percibe en los intensos intercambios entre el piano y las cuerdas en el movimiento lento del No. 9. “Creo que ese es uno de los aspectos más importantes de estos conciertos, y uno en el que debo ser bastante flexible, porque cada director tiene una idea muy distinta de cómo abordarlo. Mientras haya una idea clara, puedo adaptarme. Eso puede ser inspirador y muy estimulante. No siempre estaré de acuerdo, ni todo lo disfrutaré o lo haré mío”. Lisiecki se alegró de encontrar un espíritu afín en Manfred Honeck. “Cuando nos conocimos y tocamos Mozart juntos por primera vez, sentí de inmediato que había una sensibilidad especial por el estilo, un gran cuidado por la música y que también compartíamos algo especial con ella”. Después de trabajar juntos con varias orquestas, surgió la oportunidad de que pianista y director pasaran una semana grabando los conciertos en mi bemol mayor de Mozart con la Orquesta Sinfónica de Bamberg, en su ciudad natal bávara. “Estoy muy, muy feliz con el resultado”, dice Lisiecki. Además de la atención colectiva puesta en el fraseo, la dinámica y la expresión, el álbum transmite una fuerte sensación de espontaneidad y ofrece una llamativa variedad de texturas orquestales. Basta escuchar cómo la sección completa de cuerdas da paso a un quinteto de cuerdas en el minueto lento que interrumpe el animado último movimiento del Concierto para piano No. 22. Los movimientos centrales de ambas obras comparten un espíritu muy cercano a la música de cámara. Aquí, Lisiecki da forma a una línea cantabile desde una parte de piano que muchas veces se reduce a una melodía solista o a una línea de la mano derecha sostenida por un sencillo acompañamiento de la mano izquierda. “Cuando toco notas melódicas largas en el piano, no puedo añadir vibrato como lo haría un cantante, no puedo sostener el sonido ni darle más forma a una nota una vez que ya comenzó”, observa. “La concentración que exige crear un fraseo expresivo es enorme. Y por eso, cuando funciona bien, resulta muy gratificante”. Jan Lisiecki tenía poco más de 15 años cuando grabó su primer álbum dedicado a Mozart: una grabación de los Conciertos para piano No. 20 y No. 21. ¿Cómo ha evolucionado su acercamiento al compositor en los 15 años transcurridos desde entonces? “Espero que, más allá de lo que da la experiencia, mi forma de acercarme a su música no haya cambiado tanto”, responde. “Simplemente dejo que la música hable por sí sola, sin analizarla de más ni pensarla demasiado. Esa fue una de las cosas que hizo increíble esta experiencia con el maestro Honeck. Cuando explica algo a la orquesta, un fraseo en particular, un grupo de notas, un diminuendo, a mí me parece completamente natural, porque así es como lo toco y como lo entiendo. Colaborar con personas así, que entienden las cosas de una manera que se siente totalmente natural, es una experiencia muy gratificante”.
17 de abril de 2026 6 piezas, 1 hora 8 minutos ℗ 2026 Deutsche Grammophon GmbH, Berlin
SELLO DISCOGRÁFICO
Deutsche GrammophonProducción
- Stephan FlockProducción
- Sidney MeyerIngeniería de grabación
- Juan MorenoIngeniería de masterización
- Jan LisieckiNotas de álbum