El Musée de la Musique de París, que posee una extensa colección de instrumentos de época, le ofreció a Aline Piboule una selección de pianos históricos para grabar su disco de Fauré. Luego de probar algunos instrumentos, incluyendo un Erard de 1890, Piboule se sentó en un piano de cola de 1929 fabricado por Gaveau. En ese momento, como le cuenta a Apple Music Classical, experimentó lo que los franceses llaman “un coup de foudre” y se enamoró perdidamente. En parte, eligió el Gaveau porque era más grande y poderoso que el Erard. Además, el sonido del Erard era demasiado refinado por lo que no correspondía con la estética romántica de Fauré.
En esta sesión, Piboule revisa la música para piano de Fauré, incluyendo sus legendarios nocturnos y barcarolas. Es tentador suponer que el compositor presentó estas piezas en las veladas musicales que estaban de moda en la vida parisina a fines del siglo XIX y comienzos del XX, pero Piboule aclara que esto no necesariamente es así. “Estas grandes composiciones, sensuales y generosas, necesitan un piano apropiado para transmitir su sensibilidad”.
“El Gaveau, que fue completamente restaurado tras su construcción en 1929, responde muy bien”, agrega. “Es perfecto para la música de Fauré”. Piboule explica que la obra de Fauré, que ella ha tocado desde los 14 años de edad, combina la belleza melódica y armónica de Chopin con el rigor y la claridad de J.S. Bach. Es una fusión de lo antiguo con lo moderno, comenta, aderezado con un profundo romanticismo.
“Los pianos de Gaveau tienen un mecanismo confiable”, explica la pianista. “No son frágiles y pueden tocarse con plena seguridad. Responden bien al toque, pero además son pianos con una gran calidez y profundidad de sonido”. Poseen una hermosa claridad, agrega, sin que el sonido se vuelva brilloso.
Al escuchar el Nocturno n.º 5 en sí bemol, Op. 37 o el Nocturno n.º 13 en sí menor, Op. 119, podemos percibir todo lo que el piano ofrece, como si estas piezas hubieran sido escritas especialmente para demostrarlo. “Este instrumento no tiene límites”, afirma. Y pese a que fue construido cinco años después de la muerte de Fauré, no queda duda de que el compositor estaría familiarizado con el sonido y la estética de los pianos Gaveau.
A través de sus interpretaciones, Piboule demuestra que los Gaveaus están alineados con las intenciones de Fauré y hasta logran encarnar el espíritu más íntimo de su música.