Sinfonía n.º 4 en si bemol mayor
Beethoven comenzó a esbozar lo que sería su Quinta sinfonía en 1804, poco después de finalizar la tercera, conocida como Heroica. Sin embargo, parece que se dio cuenta de que estas ideas necesitaban más tiempo para madurar, por lo que las dejó a un lado y compuso otra, la Sinfonía n.º 4, en 1806. ¿Podría considerarse esto como un caso de “descanso y relajación” sinfónico? A simple vista, la Sinfonía n.º 4 parece ser una propuesta más ligera en comparación con las sinfonías n.º 3 y n.º 5. Escrita para una orquesta más pequeña de lo que Beethoven había usado en sus sinfonías anteriores, sus proporciones son más clásicas y su carácter parece ser más luminoso en general, con múltiples ejemplos del sentido del humor del compositor, a menudo subestimado. No obstante, un análisis más detenido revela su sutil audacia en casi cada etapa. A pesar de que la sinfonía se desenvuelve en una tonalidad mayor brillante, comienza con una larga introducción lenta, oscura y exploradora, casi como un movimiento independiente. La explosión de luz que anuncia el allegro es uno de los momentos más dramáticos de todas sus sinfonías. El adagio es hermoso y profundo, con toques de luz y sombra que rozan el romanticismo. Un scherzo emocionante, con una estructura circular, es seguido por un final vertiginoso que concluye con un momento de ternura luego de una explosión de risa desenfrenada. Aunque puede que la Sinfonía n.º 4 no posea el carácter épico de sus vecinas, es igualmente notable en su esencia.