Como ya adelanta su título, en Secret Love Letters, Lisa Batiashvili explora el amor secreto como tema musical. “El mayor secreto que tenía de pequeña era una cuestión amorosa, la más fuerte y profunda de las emociones humanas”, confiesa la violinista georgiana a Apple Music. “En preescolar, me enamoré de un niño de cuatro años y el estómago se me subía a la garganta cada vez que lo miraba. Me daba miedo contarlo, y ni siquiera se lo dije a mi madre por miedo a que no se tomara en serio unas emociones que yo sentía en toda su intensidad”. Batiashvili terminó convirtiendo su violín en un confidente mediante el que expresar sus sentimientos más íntimos.
En lugar de arrojarnos sin más al turbulento mundo de los anhelos frustrados, el álbum arranca con la suavidad de la Sonata para violín en la mayor que César Franck escribió para el virtuoso Eugène Ysaÿe. Batiashvili aborda sus cuatro movimientos, que reflejan emociones contenidas y desbordantes al mismo tiempo, junto a Giorgi Gigashvili, a quien la fundación que lleva su nombre ya había premiado con una beca en 2021. Después llega el Concierto para violín n.º 1 de Karol Szymanowski, una intensa partitura que, como nos cuenta la violinista, expresa el amor secreto del compositor polaco por otro hombre. Szymanowski, que pidió consejo al violinista Paweł Kochański para escribirla, desnuda sus emociones, a veces hasta extremos conmovedores. En opinión de Batiashvili, se trata de “un baile entre el erotismo y la compasión, entre los sueños y la dura realidad”.
También se encuentraPoème de Ernest Chausson, asimismo para para violín y orquesta, una pieza que refleja brillantemente la búsqueda de lo inexpresable en, dice Batiashvili, “todos sus matices de amor y belleza”. Por último, aparece Beau soir, una composición breve y emotiva con el director Yannick Nézet-Séguin al piano. Las cuatro obras del álbum exploran el amor secreto en un arco que se desliza de los sueños a la reflexión y de la angustia a la pasión. Aquí, la violinista nos lleva por cada una de ellas.
Sonata para violín en la mayor
“Es la primera vez que toco con Giorgi (Gigashvili), pero lo conozco desde hace un par de años porque fue uno de los primeros becados de mi fundación. Es un músico versátil que, además de tocar clásica, canta pop y jazz. Posee un talento tan evidente y un amor tan intenso por la música que esa diversidad le sirve para ser increíblemente espontáneo. Tocar con él me ha enseñado a leer la Sonata como un libro abierto. A ves pasa eso cuando tocas con alguien. Sintonizamos muy bien”.
Concierto para violín n.º 1
“Me enamoró desde que lo toqué por primera vez con la Gustav Mahler Jugendorchester en 2018. Tuve una sensación increíble. La sensualidad, los colores y las emociones tan interesantes de la música eran totalmente nuevos para mí. Cuando supe que Szymanowski se lo había dedicado a su amigo Paweł Kochański, que escribió la cadenza, me di cuenta de toda la pasión y el amor oculto que expresa. Es una explosión de emociones. Hay momentos en el que el violín sube hasta los tonos más altos de la cuerda de mi, como si una voz muy sensual cantara sobre el enorme paisaje sonoro de la orquesta. También hay una habanera que aparece dos veces, hacia la mitad y al final y suena a baile y amor. Tenemos que celebrar el amor, sobre todo en estos tiempos terribles, y la música es el lenguaje que lo permite”.
Poème
“Aunque no es una pieza para virtuosos, Poème es complicada de tocar con una orquesta. Es todo color y emoción, pero el violón y la orquesta deben ir siempre juntos. Como Szymanowski, Chausson pidió ayuda a un violinista, Eugène Ysaÿe, para escribirla. Los dos violinistas fueron muy importantes para los compositores porque les ayudaron a entender qué era posible musicalmente y qué sonaba mejor. No creo que se pueda escribir una partitura solista sin hablar con alguien que te pueda explicar de primera mano acerca del instrumento en cuestión. Cuando tocas algo que está escrito claramente para un solista que además ha participado en la composición, la experiencia como intérprete es completamente diferente”.
Beau soir
“Es una pieza muy íntima y muestra otra faceta del concepto del amor que no se cuenta ni explica. Había planeado grabar más cosas de Debussy con Yannick, pero esta es la única que tocamos al final. Por suerte, es una ‘canción’ preciosa. Debussy es uno de mis compositores favoritos. Aunque proporciona muchísima libertad expresiva, las indicaciones de la partitura son muy precisas. Ya había tocado y grabado antes con Yannick, que es uno de los mejores directores de nuestra época. Como Simon Rattle y Daniel Barenboim, lo escucha todo sin perder de vista el conjunto, posee una visión tan increíble que se nota hasta en las obras más breves”.