Aunque solemos asociar la música para teclado del Renacimiento y el Barroco con el clave y clavicordio, las versiones para piano de Shani Diluka revelan nuevos ángulos en un repertorio de inagotable imaginación melódica y armónica. Su visión es, además, generosa y expansiva, con espacio para la exuberancia veneciana de Monteverdi, pero también para la incurable melancolía de los ingleses Dowland y Byrd. El resultado es un recital que tiene tanto de experimento histórico como de viaje inédito a paisajes que creíamos conocer. No solamente por la profundidad tonal del piano, sino sobre todo por la contagiosa expresividad de la pianista.